“Power is primarily exercised by the construction of meaning in the human mind through processes of communication enacted in global/local multimedia networks of mass communication, including mass self-communication. Although theories of power and historical observation point to the decisive importance of the state’s monopoly of violence as a source of social power, I argue that the ability to succesfully engage in violence or intimidation requires the framing of individual and collective minds.”*
Hay una interfaz entre tu y la realidad, una membrana sutil con pretensiones de invisibilidad. Un sistema de signos estructura el contenido y establece una relación contigo. Coloniza tu mente y produce un resultado impresionante: decides. Esta acción nos transforma de meros huéspedes a laboratorios andantes (fábricas, a saber de Susan Blackmore) y somos capaces de re-construir el contenido y distribuirlo bajo nuestro criterio ¿Qué tenemos? Poder. Y la clave es la información.
Pensemos ahora en un hecho público, importante o sin importancia, eso queda a tu criterio:
Algo sucede entre el presidente y un voluntario de “Kúrame” y nuestra aproximación al hecho ha sido mediática, como suele serlo, y fundamentalmente masiva. Cada interfaz ha jugado un rol determinante. El papel (Diario16) presenta el hecho: tinta, letra grande, énfasis, texto, transcripción. Palabras como “insulto” y “agresión” se combinan en un mensaje que ha transmitido la información de forma muy particular, gota a gota. La red busca, se mueve con cierto grado de autonomía, busca sedienta información que quizá no existe. Está enviciada de imágenes, pero no las hay (aún). La red de hoy, en torno al hecho, está llena de ruegos, de tópicos.
La TV falla, solo un canal (América) presenta declaraciones, pero lo hace frente a una red distraída donde gana la imagen tecnomágica del rescate a 33 mineros en Chile… paralelamente, dos emisores han caído, dos medios fueron lacrados, enterrados, dos mensajes que no salieron al aire, y que no serán interpretados**.
¿Qué tenemos? Nada. Aquellos que poseen el monopolio de los medios nos despojan de nuestra capacidad de interpretar para decidir. En cambio, especulamos y jodemos nuestra potencial respuesta, nos regodeamos con el entusiasmo barato que un anti-héroe pop despierta ante la aparente banalidad de los hechos. No hay suficientes datos para una respuesta esclarecedora***, pero tampoco hay las preguntas correctas (¿Quién miente?). Somos los actores de un bucle: escándalo-indignación-olvido y estamos en camino a legitimarlo.
¿Qué falta? acción (a saber de Arendt) pero estamos aún muy lejos de tal hecho. Por ahora, podríamos empezar por exigir información y por tratar de pensar de forma realmente distinta. Han ocurrido hechos impresionantes durante este gobierno en relación a cómo se raciona, censura y pervierte la información, hay culpables identificables, lo que falta es coraje y rigurosidad. No para gritar “corrupto!” a la cara del sistema, sino para organizarse y actuar.
Pero bah, sueño.
*Castells, Manuel. Communication Power. New York: Oxford University Press, USA, 2009. Print
** La radio me es ajena, pero sospecho que su accionar no difiere significativamente.
*** Revisa “The last Question” de Asimov.

