Es lamentable cuando un tema que alude a la libertad de las personas no se encuentra en el debate público. Pero resulta aun más precario que se nos haga creer que el tema está siendo seriamente discutido, cuando en realidad lo que se hace es exprimirlo y agujerearlo al punto de volverlo un asunto casi farandulesco. Y esto es lo que viene ocurriendo electoralmente con el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Varios partidos, tratando de evidenciar un falaz encuentro democrático de opiniones en su interior, han propuesto y contrapropuesto cosas al respecto. En la mañana sale Bruce a decir que propondrán la unión civil y en la tarde sale Toledo a mencionar que no proponen el matrimonio gay. Un día Kenyi está de acuerdo con que los homosexuales puedan casarse y al día siguiente su hermana, la presidenciable, se opone democráticamente a su postura.
PPK redujo su decimonónica postura a prejuzgar a los homosexuales como tocadores de niños. Y como para cerrar el capítulo viene Bambarén a decir que no se les debe decir gay, sino maricones, haciéndonos sentir que Cipriani es moderado y hasta políticamente correcto. Ya otros trasnochados llegan algo tarde y se montan en el debate diciendo cualquier pachotada con tal generar un “¡uy, que homofóbico!” o un “¡pobres nuestros niños!”.
Algunos se emocionan al pensar que por lo menos es un tema de debate electoral. Me parece necesario detenerse en la forma que se viene abordando. ¿Alguien se preocupa por usar los términos correctos? No. ¿Alguien por plantear que significa esta integración en términos prácticos para la sociedad y para las políticas de Estado? Tampoco. ¿Alguien siquiera se ha preocupado por pensar que las uniones entre personas del mismo sexo, también incluye a las lesbianas? Mucho menos.
Entonces ¿de qué alturado debate estamos hablando? Nada de importante puede tener una discusión que se resumen en calificativos y denominaciones. Mucho menos de una que gira en torno a salidas del closet y cero cuestiones programáticas concretas. ¿O es que alguien dijo algo mas interesante y yo no me di cuenta?
Nos estamos comiendo el cuentaso de que se toma en serio el tema, cuando en realidad no va a durar mas de una semana en agenda. Para febrero mas o menos discutiremos igual sobre el aborto y en marzo el tema de agenda será la pena de muerte. Lo que debería preocuparnos en verdad es como lograr que todo ello se discutiendo luego del 28 de julio y que se ponga en el tapete las implicancias reales de todos estos asuntos. Junto a ello, concentrarse en que no sean ultraconservadores los que terminen resolviendo la discusión.
Lamentablemente, pareciera que estamos condenados a aguantar este tipo de debates y tolerar que se supriman todas nuestras libertades, con tal de no sentirnos responsables de tomar nuestras propias decisiones. Eso, a mi gusto, es ser verdaderamente marica.
